lunes 23 de marzo de 2009

Lars Bo Hansen, Fundamentos de la estrategia ajedrecística


Lars Bo Hansen, Fundamentos de la estrategia ajedrecística (Aplicación de los métodos de negocios al ajedrez), Madrid, La Casa del Ajedrez, trad. de A. Gude, 2007, pp.191.

Por fin un libro con una cierta ambición téorica. Aunque había oído hablar de él hace algún tiempo, sólo ahora he podido leerlo por mediación de mi amigo Subirats. El caso es que aunque merecería una segunda lectura más reposada no me resisto a publicitarlo en el blog, pues creo que puede ser verdaderamente útil para que cada uno de nosotros, torpes aficionados, aprendamos a aprovechar mejor las eventuales virtudes que poseemos. No creo ser una excepción si digo que muchas veces tengo la impresión de malgastar mis fuerzas intentando mejorar mi juego. Los resultados que consigo son descorazonadores y el incremento de mi nivel ajedrecístico ínfimo (por no declarar que sencillamente va hacia atrás). Pues bien, lo que propone el GM danés Lars Bo Hansen es, en primer lugar, identificar qué clase de jugador es uno, con sus virtudes y defectos. En segundo lugar, nos invita a jugar en función de esas virtudes y evitando caer en esos defectos adoptando una perspectiva de dentro a afuera (es decir, la perspectiva de utilizar lo que hacemos bien, sea ello lo que sea: calcular, analizar, imaginar, etc.). Para ello, establece una matriz de dos por dos tal que ésta:
           HECHOS      CONCEPTOS
LOGICA Pragmáticos Teóricos
INTUICION Activistas Intuitivos
Matriz donde uno quedaría eventualmente encuadrado. Como quizá estos conceptos no digan demasiado, rellenaremos, siguiendo a Hansen, la matriz con conocidos jugadores para que se vuelva más significativa.
             HECHOS      CONCEPTOS
LOGICA Lasker Philidor
Euwe Steinitz
Alekhine Tarrasch
Keres Nimzowitch
Korchnoi Reti
Spassky Botvinnik
Fischer Kramnik
Kasparov Leko
Topalov
Svidler

INTUICION Pillsbury Rubinstein
Bronstein Capablanca
Tal Smyslov
Anand Petrosian
Shirov Karpov
Morozevich Adams
Topalov

Evidentemente, estos encuadres puede que quepan ser discutidos (¿dónde encuadrar a Larsen, por ejemplo? Además, parece que por un descuido, al autor (cfr. p. 121 y 149) se le ha colado Topalov en dos categorías diferentes), pero el esfuerzo de clasificación conceptual es meritorio, dado que consigue que las diferencias individuales de los jugadores queden subsumidas en una categoría más amplia. De ahí que todo un Spassky pueda ir al lado de un defensivo Korchnoi. Ciertamente, hay problemas. Creo recordar que Dvoretsky entendía que la naturaleza del ajedrez de Tal era de la misma índole que el de Capablanca, pero Hansen probablemente replicaría que es su faceta intuitiva lo que los une. Recuerdo también haber leído que Spassky clasificaba a los jugadores en creyentes y no creyentes. Es decir, aquellos que respetan las leyes apenas escritas del ajedrez en torno a la estrategia (el propio Spassky, según él mismo reconoce) y los que están siempre dispuestos a profanarlas (Korchnoi, Larsen). En cualquier caso, estas cuatro figuras del espíritu ajedrecístico parecen bastante sólidas (de ahí que me parezca que Hansen dispara con perdigones cuando habla de Watson y su concepto de ajedrez moderno, pues esta clasificación desde luego relativizaría la importancia de esa presunta modernidad). De lo que se trataría entonces es de saber dónde estamos, cuáles son nuestras querencias, así como de averiguar quién tenemos delante, para actuar en consecuencia.

Claro está, no obstante, que inmediatamente surgen algunas interrogaciones: ¿Cómo jugar contra una computadora? ¿Cómo jugar contra alguien que tiene nuestro mismo estilo? A estas preguntas Hansen no responde y es posible incluso que no se pueda responder satisfactoriamente. Sin embargo, no sería magro resultado que supiéramos jugar contra todos los demás (quizá esté relacionado con todo ello el concepto de cliente, es decir, aquel jugador que sistemáticamente pierde -o a lo sumo empata- contra determinado jugador a pesar de su indudable valía: Shirov ante Kasparov, por ejemplo, o Tal frente a Korchnoi, entre otros). En fin, la parte más interesante del libro es aquella en que Hansen ilustra con partidas y jugadas concretas la elección que determinados jugadores hacen en función del conocimiento de sus respectivas habilidades así como las del contrario en vez de fijarse en la verdad de lo que ocurre en el tablero. El resultado es bastante convincente en conjunto, aunque no se consiga una certidumbre metafísica sino más bien moral, por hablar como los filósofos del siglo XVII.

Para acabar, no puedo dejar de mencionar el concepto "relación de asalto", que Hansen estudia. Parece que proviene de Tal (y en parte de Alekhine) y hace referencia a la siguiente fórmula:
                      Número de piezas atacantes
Relación de asalto = ---------------------------
Número de piezas defensoras
Aunque Hansen no lo menciona, todo ello me ha recordado algo que llevo estudiando desde hace algún tiempo, sin grandes avances, por otra parte. Es la llamada ley de Lanchester, "según la cual la fuerza de un ejército es proporcional al cuadrado de los efectivos utilizados" (David Alvargonzález, "Análisis gnoseológico del campo de la teoría de juegos", Revista El Basilisco, nº28, 2000, p.18). Esta formulación parece más interesante que la propuesta por Hansen, la cual por otra parte, no define los conceptos de ataque/defensa. Haciendo mis propias cuentas, he conseguido en ocasiones, aplicando la ley de Lanchester, dar un valor numérico aproximado al que ofrecen las computadoras, pero los resultados no han sido nada concluyentes, probablemente debido a mi poca pericia matemática y a que es muy difícil definir las casillas comprometidas en un ataque o una defensa (como ilustración de mi proceder diré que tomaba el cuadrado que forma el salto de un caballo en torno al rey). En fin, un libro que abre nuevas perspectivas y que, al menos en mi caso, merece una segunda lectura.

Francisco J. Fernández

martes 3 de marzo de 2009

Petite philosophie du joueur d´échecs, René Alladaye


Petite philosophie du joueur d´échecs, René Alladaye, Cahors, Éditions Milan, 2005, 235 pp.


Paul Morphy lo declaró hace tiempo: el ajedrez es un juego eminentemente filosófico. Lo que eso quiera decir exactamente no es fácil de averiguar, pero para poder ir empezando a entenderlo quizá no esté mal introducirse en esta Pequeña filosofia del jugador de ajedrez que René Alladaye publicó hace un par de años (a la espera estoy de hacerme con un par de libros en inglés que algunos amigos me han hecho notar que relacionan también ajedrez y filosofía: se trata de la reimpresión de un texto de 1857, The philosophy of Chess, de William Cluley, Kessinger Publishing, 2008 y el trabajo colectivo Philosophy looks at Chess, publicado por New in Chess recientemente). Un ensayo tan ligero como apasionado que señala algunos de los lugares donde el ajedrez ofrece más terreno para la especulación.

Es cierto que los filósofos son de lo que no hay, pero tienen un cierto olfato para detectar los problemas importantes, para acudir a los autores que mejor pueden ilustrar cierto asunto (Maquiavelo o Sun tzu o el código guerrero de los samurais), para relacionar temas en principio alejados conceptualmente (comparando por ejemplo las reglas del método de Descartes con las instrucciones de Alexander Kotov), para sugerir alguna idea brillante (como la consideración dialógica de la partida de ajedrez). Todo ello lo hace de manera elegante René Alladaye, aunque también es cierto que se echa de menos una cierta profundidad (y sobra alguna pedantería, como cuando habla del teorema de Zermelo y Von Neumann y lo data en 1912, cuando Von Neumann nace en 1903. Tendré que preguntarle a mi amigo Pedro Reyes, pero creo que Alladaye confunde los trabajos de axiomatización de la teoría de conjuntos en que ambos trabajaron con la fundación de la teoría de juegos y el teorema del minimax de Von Neumann, véase sobre este asunto Jesús Mosterín, Los Lógicos, Madrid, Edt. Espasa-Calpe, 2007, pp. 237-282). Pero es que el libro ha sido deliberadamente concebido con una cierta ligereza. Facilita, claro está, la lectura, pero a mí me da por rabiar porque necesitaría un desarrollo más exhaustivo de esas cuestiones que hacen tener al ajedrez un interés singular.

Lo que nuestro autor ha perseguido es algo un poco distinto: mostrar el interés que un filósofo tiene por el ajedrez, lo que es diferente pues necesariamente se incurre en un comprometido subjetivismo. Consciente de ello, se afana por disminuirlo practicando una exquisita prudencia y una amorosa admiración por los grandes jugadores (Fischer, Kasparov, incluso Karpov). Ahora bien, una vez que la conjunción ajedrez y filosofía ha sido establecida, resta explicar la naturaleza de esa misma conjunción para que no nos quede la sensación de que es algo aleatorio. Esta tarea es sin embargo bastante más ardua, aunque también bastante más interesante. Es una tarea que de hecho se le escapa a los autores que encaran el problema, consiguiendo, en el mejor de los casos, resultados o demasiado parciales o demasiado triviales. Pero, en fin, tal vez haya necesidad de libros como éste (o como el de Diego Rasskin, Metáforas de ajedrez, Madrid, La Casa del ajedrez, 2005), pues, a pesar de la insatisfacción que uno experimenta al acabarlos, tal vez sean como preludios del asalto final, algo así como trompetas de Jericó.


Francisco J. Fernández

lunes 19 de enero de 2009

Mida su fuerza ajedrecística, August Livshitz

August Livshitz, Mida su fuerza ajedrecística, Ed. La casa del ajedrez, Madrid, 2002.

Un modo de progresar en la ciencia del ajedrez es mediante el estudio de la táctica, de modo que aquel que se prepara los distintos temas tácticos aumenta de modo considerable su nivel de juego. El estudio de la táctica se realiza mediante la resolución de cientos de ejercicios tácticos, de un modo ordenado (por temas) y de un modo sistemático (1 o 2 tests por semana, aunque de cara a un torneo podemos realizar un test diario).
Mida su fuerza ajedrecística tiene tres virtudes: primero, el nivel de los ejercicios es adecuado para los jugadores de nuestro club. El libro va dirigido a jugadores con un elo de 2000 (no tiene sentido realizar Mida su fuerza ajedrecística III, pues va dirigido a jugadores con un elo de 2300, y el grado de frustración sería muy importante). Segundo, están ordenados por temas tácticos: ataque doble, ataque a la descubierta, jaque a la descubierta, la clavada, desviación, atracción, intercepción, eliminación de defensas, liberación de casillas, aperturas de líneas, apertura de diagonales, bloqueo táctico, rayos X, sobrecarga, debilidad de la primera línea, debilidad de la segunda línea, jugada intermedia, coronación de peón, jaque continuo, ahogado, mate con motivos geométricos, ataque al rey en el centro, ataque al rey en el flanco y destrucción del enroque. De modo que podemos comprobar nosotros mismos en qué tema táctico fallamos y, realizando más ejercicios sobre dicho tema táctico, mejorar. Tercero, tras la resolución de los todos los ejercicios tácticos nos indica nuestro nivel de elo, el cual nos va a permitir progresar en el juego. Pues no se trata sólo de medir, sino de progresar.

Consejos prácticos para el jugador de torneo:
En los periodos de no participación en torneos es recomendable realizar un par de tests semanales con objeto de mantener la forma ajedrecística. Sirve además de entretenimiento.
En los periodos de participación en torneos, si se juega semanalmente (fin de semana), es recomendable realizar tests diarios de tácticas. Mejorará el rendimiento y ayudará a arañar algún punto adicional. Si el torneo se juega durante un número de días consecutivos (por ejemplo, un open por las tardes), absténgase de realizar estos ejercicios; prepare la partida de la tarde y relájese.

José Luis Meco Benítez.

jueves 18 de diciembre de 2008

Piense como un Gran Maestro, Alexander Kotov

Piense como un Gran Maestro, Alexander Kotov, Editorial Fundamentos, col. Club de ajedrez, 5.ª de., 1999, Madrid.

El 8 de enero de 1981 falleció en Moscú Alexander Kotov (nació el 12-8-1913 en Tula, Rusia). Excelente jugador de ajedrez, destacó en el periodo 1947-1954, donde obtuvo notables éxitos, siendo el más importante el primer puesto en el campeonato soviético de 1948, empatado con Bronstein. Trató de tú a tú en el tablero a jugadores como Euwe, Botwinnik, Bronstein, Smyslov, Petrosian, Taimanov,...¡casi nada! Sin embargo, considero que su contribución más notable al ajedrez fue su producción literaria, con su celebre trilogía: “Piense como un Gran Maestro”, “Entrene como un Gran Maestro” y “Juegue como un Gran Maestro”. Sin duda alguna, el primer libro es de lectura obligatoria para cualquier jugador de ajedrez, donde nos explica de un modo ameno pero científico el modo de pensar de los jugadores de élite. “Piense como un GM” tiene cinco partes diferenciadas:

I. Análisis de Variantes: en esta parte, creo la mejor del libro, nos explica cómo se deben calcular las variantes. En primer lugar, encontrar las jugadas posibles (candidatas) y luego pasar a analizar cada una de ellas usando el árbol de análisis. Aporta el concepto de árbol de análisis y sus distintos tipos (tronco pelado, bosquecillo, maleza de variantes). Además, nos enseña los tipos de variantes: forzadas y no forzadas, y una serie de recomendaciones para evitar los errores en el juego como por ejemplo:
-Anotar las jugadas antes de realizarla.
-Jugar en apuros de reloj como si no “hubiera” apuros.
-No “repasar” variantes, salvo que esté en juego la partida.
-El número de jugadas necesarias a calcular en cada variante.
Y métodos de entrenamiento:
-Analizar una posición del medio juego de una partida y luego compararla con lo publicado.

II. El juego de posición: en esta parte nos indica cómo debemos enjuiciar una posición. Teniendo en cuenta: líneas y diagonales abiertas, la estructura de peones y los puntos débiles, la posición de las piezas y el espacio y el centro. Destaca en este capítulo la importancia de la estructura de peones, los tipos de estructura y el modo de jugarla.

III. El planeamiento: nos indica la importancia del plan, de su flexibilidad así como del centro y sus tipos. El principal defecto que podemos tener es jugar sin plan, o bien jugar con un plan rígido que no se adapte a las necesidades de la posición.

IV. El final: fase fundamental de la partida donde nos da tres consejos, que son :
-Pensar en términos esquemáticos (obviamente, el esquema lo tenemos que traer estudiado y aprendido de casa).
-No apresurarse en el final.
-Llevar el Rey al centro.

V. Un conocimiento del jugador: En este último apartado, Kotov nos da una serie de consejos sobre ajedrez y vida. Los dos consejos principales son: ¡conózcase a sí mismo! y no descuidar los estudios/trabajo por el ajedrez.

Por último, señalar 10 recomendaciones prácticas para el jugador de torneo:
1. Analizar posiciones en casa, como si fuera una partida de torneo (pero anotando las variantes en un papel). Luego se coteja con las variantes publicadas por los GMs. Interesa que estas posiciones sean las típicas del medio juego de nuestro repertorio de aperturas.
2. Determinar en cualquier posición las jugadas posibles o candidatas de un modo rápido.
3. Realizar el análisis de cada variante una sola vez, sin repasar.
4. Jugar según las exigencias de la posición: no especulando con una posible celada (“nunca confíe en que su oponente cometa un error”) ni con jugadas que puedan incomodar más al rival desde el punto de vista psicológico ni con la situación del jugador en el torneo.
5. Siga la regla de Blumenfeld: ”Lo primero es escribir la jugada en su planilla, antes de efectuarla”. Luego mire el tablero y “vea” rápidamente si no tuvo en cuenta un elemental golpe táctico.
6. En el apuro de tiempo:
- Si es propio, juegue como si no existiera pero pensando de un modo más rápido. Con calma, con tranquilidad.
- Si es del adversario: piense una variante de varias jugadas y juegue tranquilo. ¡No corra!, no esta apurado. Su adversario está pendiente de la táctica y jugará al toque, puede caer en una posición perdida.
7. Uso del tiempo (según Botvinnik): cuando el reloj de mi oponente está en marcha valoro la posición, en un dialogo interno. Cuando está funcionando mi propio reloj, analizo variantes concretas.
8. Jugar según un plan, siendo flexibles.
9. Al finalizar el medio juego, relájese. Tranquilice sus nervios de la excitación del medio juego. Se pierde algo de tiempo pero da resultado.
10. En el final, piense en términos esquemáticos, centralice al Rey y no se apresure (los peones no pueden volver atrás).

José Luis Meco Benítez.

miércoles 26 de noviembre de 2008

Manual de Ajedrez, Emmanuel Lasker

Manual de Ajedrez, Emmanuel Lasker, trad. de D. K. Haines & F. Pérez Ramos, Ed. Jaque XXI, Madrid, 1997, 354 pp.

El próximo día de Nochebuena se cumple el 140º aniversario del nacimiento del genial Lasker (24.12.1868, Brandenburgo, Alemania -hoy, Barlinsk, Polonia). Lasker fue Campeón del Mundo de ajedrez durante ¡27 años!, derrotando a Steinitz (primer Campeón del Mundo) por un cómodo tanteo (+10 -5 =4) en 1894 y posteriormente en 1896, con un tanteo más holgado. Defendió la corona con éxito hasta su derrota frente al joven Capablanca en 1921(+0 -4 =10). Amigo personal de Einstein, destacó en otros campos: doctor en Matemáticas, filósofo, sociólogo, editor, jugador de bridge,... y todo ello a pesar de llevar una vida difícil (tuvo que huir de la barbarie nazi por su origen judío y emigrar a la URSS y posteriormente a los EE.UU.).
Hoy os quiero recomendar la lectura de su Manual de Ajedrez: un texto ameno, fácil de entender y que nos permitirá progresar en ajedrez. En este libro se desarrolla la teoría de Steinitz, en particular la parte IV (libro IV, pp. 185-274), el juego de posición, donde desarrolla los siguientes principios:
Principio de ataque
Principio de defensa
Principio de Justicia o cooperación
Principio de acumulación de pequeñas ventajas
Principio de proporción

Indicar que la parte II (libro II, la teoría de las aperturas, pp. 59-127) es una parte que aunque ha sido ya superada por la teoría oficial (en la mayoría de los casos) nos da la opinión del campeón sobre algunos sistemas y variantes. Por último, indicar las reflexiones finales de Lasker sobre la enseñanza del ajedrez y su propuesta de un método para la maestría en ajedrez. Espero que el presente libro sea de lectura obligada por los jugadores de nuestro club y de todos aquellos que aspiran a mejorar su nivel de juego.


José Luis Meco

lunes 4 de agosto de 2008

Zugzwang


Ronan Bennett, Zugzwang, Barcelona, Edt. Mondadori, trad. de M. Viaplana, 2008, 271 pp.

Otra novela más explotando las supuestas virtudes narrativas del ajedrez. En este caso, llevando la explotación hasta el título mismo: Zugzwang, término alemán que hace referencia a la obligación de mover (en vez de pasar, por ejemplo) que se da en el juego (por cierto, que es tan graciosa como patética en general la forma en que los ajedrecistas se suelen referir a este término -en cuanto a cómo lo escriben, ya no digo más nada). La novela acaba precisamente con una bonita posición de Zugzwang, correspondiente a la partida King-Sokolov del campeonato de Suiza del año 2000. Ahora bien, la lección que con esta metáfora ajedrecística se quiere extraer de todo ello (básicamente, la necesidad de posicionarse ante las injusticias del mundo o la sociedad) es mucho más endeble. La novela ésta no es más que un mediocre thriller que juega con los requisitos básicos del género del best-seller: un lenguaje al servicio de la acción; poco cuidado, pero trufado de pedanterías; una puesta en escena que avanza como por secuencias cinematográficas, unas paginitas de cierta sensualidad para matar el aburrimiento del propio escritor y una serie de personajes que se pretende que sean singulares. Si, después de todo, le dedicamos estas líneas es para avisar a esas almas de dios que adquieren cualquier cosa que huele a ajedrez. ¿En qué sentido hiede a ajedrez este novelón? Pues, aparte de lo dicho sobre el Zugzwang, el lector encontrará aquí y allá ciertos nombres que le suscitarán algunas reminiscencias (Petrov, Grischuk, Yusupov, Gulko, etc.). No se dejen engañar por estos guiños: no significan nada. Son pequeñas coqueterías. Más importancia puede que tenga el hecho de que el relato transcurre en San Petersburgo durante la primavera de 1914. Aquellas fechas acogieron uno de los torneos de ajedrez más importante de todos los tiempos. Como es sabido, Lasker se impuso y lo más llamativo fue la pobre actuación de Akiba Rubinstein. Trasunto de éste es Avrom Chilowicz Rozental, al cual vemos acudir a la consulta del psicoanalista convertido en narrador de la historia. El pobre Rozental se ve inmerso en un complot para asesinar al Zar, aunque su papel se reduce a ganar el torneo y dejarse después suplantar. En fin, todo es tan absurdo y tan tonto que repugna que Ronan Bennett haya desaprovechado la magnífica metáfora que el ajedrez le había prestado.


Francisco J. Fernández

viernes 4 de julio de 2008

AVRO 1938. Uno de los grandes Torneos de la Historia

VV.AA., AVRO 1938. Uno de los grandes Torneos de la Historia, recop. G. Toradze, trad. de M. Suárez, Editorial Chessy, Santa Eulalia de Morcín, 2008, 238 pp.
En 1938 se organizó en Holanda por parte de la Algemeene Veereniging voor Radio Omroep (AVRO) uno de los mayores acontecimientos ajedrecísticos de todos los tiempos. Los ocho mejores jugadores del momento se enfrentarían a doble vuelta en un torneo que tenía por objetivo designar un candidato para luchar con Alexander Alekhine por la corona mundial. Los jugadores elegidos fueron los siguientes: Alekhine, Capablanca, el soviético Botvinnik, los americanos Reuben Fine y Samuel Reshevsky, el holandés Max Euwe, el checoeslovaco Salo Flohr y el estonio Paul Keres. Ya en su momento hubo voces protestando por ciertas ausencias: la de Lasker especialmente, pero en general la de los jugadores más veteranos como Spielmann, Bogoljubov, Marshall, Tartakower, Kostic, Grünfeld, Maroczy, así como Levenfish. Hubo también serias dudas acerca del sistema de competición elegido, con continuos viajes por diferentes ciudades holandesas (¡Utrecht, Breda, Groningen, Arnhem, y así hasta diez!) y escasos días de descanso, por no decir ninguno. Todo ello, claro está con la intención de aminorar gastos y generar más ingresos con la venta de entradas en las diferentes salas de juego. Así las cosas, no resultó extraño, y de ello se dieron cuenta ya los cronistas de la época, que los ajedrecistas con mayor resistencia física, es decir, los más jóvenes, rindieran mejor que los veteranos: Capablanca, de 50 años, quedó séptimo; Alekhine, de 46, cuarto. Keres (de 22) y Fine (de 23) primeros. Por otra parte, no estaría de más que el lector reflexionara sobre las fechas del torneo, esto es, otoño de 1938, en vísperas de la II Guerra Mundial. De hecho, el pobre resultado de Flohr (último), incapaz de ganar una sola partida y siendo vencido en otras cinco, parece que fue debido en parte a los acontecimientos que estaban sucediéndose en su país, Checoeslovaquia, con la anexión alemana de una parte de su territorio ante la pasividad internacional.

En fin, la idea del libro es mérito de G. Toradze, el cual se ha dedicado a recopilar toda la información disponible sobre el evento, rastreando en los viejos números de los años 30 de la revista "Ajedrez en la URSS" o la mítica "64", así como seleccionando pasajes de las obras de los respectivos protagonistas en que el torneo se convertía en tema principal. De esta manera, junto con las pintorescas crónicas de Tartakower, se traza un retrato, a veces impresionista, otras más sistemático, del torneo AVRO 1938. El libro ofrece además el comentario de las 56 partidas jugadas. Tales comentarios (algunos de ajedrecistas tan importantes como Panov, Blumenfeld, Belavenets o Lilienthal, entre otros) quizá precisen de ciertas correcciones, pero tienen un aroma de otros tiempos, con lo cual el panorama ofrecido por el volumen es muy completo y significativo.

Resta por saber el interés que un libro así puede tener para un jugador actual: el propio Botvinnik se lo llega a preguntar y así lo contesta en el prólogo: "el pensamiento ajedrecístico de nuestro tiempo no se ha desarrollado tan impetuosamente como para que las partidas del torneo AVRO tengan sólo un interés histórico" (P. 9). Es decir, no sólo es historia lo que aquí se ofrece, sino ajedrez vivo, tan útil (o tan inútil) como las últimas creaciones de Kramnik o Ivanchuk. Evidentemente, aquellos que miren el índice de aperturas utilizadas entonces por si coinciden con su repertorio puede que se lleven alguna sorpresa: no se jugó ninguna siciliana, ni ninguna india de rey. Pero aquellos que jueguen nimzoindias (12 se jugaron) o Grünfelds (8) o indias de dama (otras ocho) o españolas (7) se llevarán un chasco si buscan novedades, pero no tanto si de repente comprenden que el movimiento que hacen automáticamente y al toque en su práctica diaria procede de partidas como las que aquí se encuentran. Descubrir algo así tiene algo de homenaje, pero también de comprensión, que es después de todo lo que muchos buscan.


Francisco J. Fernández